La fábrica de hilados y tejidos de Atemajac: breve descripción

¡PATRIMONIO INDUSTRIAL EN RIESGO!

Por Federico de la Torre de la Torre
Departamento de Historia/CUCSH/Universidad de Guadalajara
Secretario de TICCIH México

La Compañía Industrial de Atemajac fue protocolizada ante notario público el 17 de noviembre de 1840 e incluyó a la fábrica de hilados y tejidos de Atemajac y a la de papel llamada El Batán. La Prosperidad Jalisciense o Fábrica de Hilados y Tejidos de Atemajac, empezó  funciones hacia 1843 en los límites municipales de Guadalajara y Zapopan (aproximadamente a 4 kms.del centro de la ciudad de Guadalajara en dirección norte), al lado del antiguo pueblo indígena que lleva justamente el nombre de Atemajac, y fue sin lugar a dudas uno de los establecimientos industriales más importantes de Jalisco, hasta que inició la huelga de abril de 1992 que marcó el preludio de su cierre definitivo.

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Es importante mencionar que, en la fundación de la citada Compañía Industrial de Atemajac (que incluyó a la fábrica textil y a la de papel), confluyeron los más diversos personajes del mundo comercial, agrícola e intelectual de Guadalajara, y otros puntos de Jalisco: fueron en total 30 socios quienes la fundaron. Sin embargo, ese espíritu de asociación incluyente no duró mucho tiempo. Conforme transcurrieron las décadas y la empresa fue creciendo, se hizo cada vez más visible la figura monopólica del comerciante José Palomar, en quien fue depositada la dirección de la Compañía desde un principio.

   Esa tendencia se afianzó, hasta que la siguiente generación de los Palomar y quienes se emparentaron con ellos, dieron lugar a una nueva figura legal de la empresa y sus negocios anexos, al conformar la Sociedad Palomar, Gómez y Cía., después de ocurrida la muerte de José Palomar, el 16 de noviembre de 1873.  Bajo esa razón social continuó el funcionamiento de Atemajac y el Batán, hasta que el 17 de septiembre de 1889 fueron adquiridas ambas fábricas por el señor Ignacio Moreno, antes de pasar a constituir una parte de la Compañía Industrial de Jalisco y, posteriormente (1899), a la Compañía Industrial de Guadalajara, que aglutinó a la mayoría de las industrias textiles mecanizadas que habían sido fundadas desde la década de 1840 en los alrededores de Guadalajara, como fue el caso de La Escoba, La Experiencia y Río Blanco (la fábrica de papel El Batán, quedó fuera de esta Compañía y fue parte de otra bajo la firma Ancira Hnos. y Cia).

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Como parte de la Compañía Industrial de Guadalajara, la Fábrica de Hilados y Tejidos de Atemajac funcionó a lo largo del siglo XX, hasta 1977. A partir de ese año, el establecimiento fue adquirido por los señores Eduardo Isaac y Alberto Saba. Con ellos empezó desde entonces, el proceso de cambio de giro asignado a los espacios que fueron de la fábrica. Fue por esos años cuando gran parte del inmueble, incluyendo algunas naves, los jardines,  así como las casas que antes habían sido ocupadas por los dueños o el personal directivo, se convirtieron en el centro comercial Atemajac (o Plaza Atemajac) con múltiples locales. La otra parte (previa barda de por medio, construida exprofeso), que incluyó a los edificios más antiguos -perfectamente  identificables por la fachada en las fotos antiguas-, se mantuvieron como parte de la fábrica textil. Esa situación cambió a partir de la resolución del conflicto sindical que había iniciado con la huelga en 1992, cuyo desenlace ocurrió el 9 de abril de 2003, debido a que los dueños del inmueble tomaron la decisión de utilizarlo en su totalidad para fines comerciales. De tal manera que, previa remodelación de los espacios y venta de la maquinaria en calidad de chatarra, desde los primeros meses de 2008, todo el inmueble fue destinado a dichos fines.

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Sobre la fábrica de Atemajac, cabe decir también que tanto su constructor original como la maquinaria que se empleó al iniciar operaciones, venían de Estados Unidos. Así parece haber ocurrido, sobre todo porque fue en manos de técnicos norteamericanos que se dejó la dirección y cuidado de las principales áreas durante los primeros años. Este fue el caso de las siguientes personas de esa nacionalidad que protocolizaron la renovación de sus respectivos contratos con José Palomar en 1845: ingeniero Carlos V. Holbroock, constructor y encargado del manejo general de la fábrica; Guillermo B. Davis, responsable del departamento de cardas; y Juan Logan, responsable del departamento de tejido y almidonado.

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En 1843, la fábrica empezó sus actividades con 2,976 husos en movimiento y 48 telares de potencia. A partir de junio de 1846 llegó a tener 3,600 husos en movimiento con 90 telares. Hacia 1877 reportaba 5,600 husos y 130 telares. Diez años después, en 1887, decía tener 4,000 husos, sin especificaciones en cuanto al número de telares.  En 1880 se fabricaba manta, hilaza y pabilo, productos que se vendían en Jalisco, Michoacán, Guanajuato, Zacatecas y San Luis Potosí.  A finales del siglo XIX ya contaba con una sección de estampados.

La mano de obra fue, en 1843, de 210 operarios, además de cuatro miembros del personal directivo. En 1854 el número de operarios se había incrementado a 285, mientras que en 1877 eran ya 195, de los cuales 120 fueron hombres, 30 mujeres y 45 niños. Para 1887, se reportaban 218 operarios.

La Fábrica de Atemajac fue merecedora de varios reconocimientos por sus productos en distintas exposiciones nacionales. Por ejemplo, obtuvo medalla de oro en México, en 1850 y 1851; medalla de plata en Aguascalientes, 1871; medalla de bronce y mención honorífica en la exposición municipal de Guadalajara, 1878; y medalla de plata en la primera exposición organizada por la Sociedad Las Clases Productoras de Guadalajara en 1879.

Debido a la creación y funcionamiento de la fábrica de Atemajac, el antiguo y pequeño pueblo ahí existente con anterioridad, pronto se vio trastocado demográficamente. De tal forma que, pueblo y colonia de Atemajac, ya en 1889 contaban con alrededor de 3 mil habitantes, y en torno a la fábrica se había formado un caserío obrero que tenía  capilla, un capellán católico, escuelas de ambos sexos y servicios comerciales, conjunto urbano nuevo que después se conocería como colonia Fábrica de Atemajac.

Al iniciar el siglo XX y a lo largo del mismo, el caserío para los obreros se incrementó, así como  también los servicios para la población: entre ellos, un templo con sacerdote permanente, escuelas, atención médica, un teatro y un Club Deportivo llamado Occidente, entre otros. También como parte del auge sindical en México, nació el que aglutinó a los trabajadores de Atemajac desde 1929. De acuerdo al Censo de México de 1930, sólo en la colonia industrial de Atemajac, sin contar al antiguo pueblo del mismo nombre, había 1,674 habitantes, dentro de los cuales la gran mayoría de adultos (hombres y mujeres) eran trabajadores de la fábrica, pero también había muchos otros que se dedicaban a ofrecer los múltiples servicios que demandaba la población de ahí: comercio, educación, salud, religión, zapateros, carniceros, herreros, etc.

Después de concluida la huelga y realizado el finiquito correspondiente de 2003, se resolvió que todo el conjunto fabril (las naves y los jardines incluidos en el perímetro delimitado por un cancel), así como el predio del antiguo Balneario Los Colomitos y otro aledaño al Club Occidente, quedaran en posesión de los dueños de la empresa. Mientras tanto, los terrenos del Club Deportivo Occidente y los del Teatro, son propiedad de la Comisión Liquidadora de la Extinta Sección 9 del Sindicato de Trabajadores de la Industria Textil y Similares de la República Mexicana, a partir del  12 de diciembre de 2004.

Posibilidades de intervención

Hoy, lo que queda del edificio y la fachada (por cierto modificados en 1911, después de un incendio ocurrido en 1909), la capilla, los caseríos de obreros y las áreas recreativas, están expuestos a la pronta destrucción o modificación, debido a los avatares de la transformación urbana de Guadalajara, así como a la insensibilidad de los intereses particulares que ahí confluyen y al descuido de las autoridades de los distintos niveles de gobierno.

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Actualmente, todo el inmueble que ocupó esta fábrica (en propiedad de quienes fueron sus últimos dueños antes de que dejara de funcionar como tal) está habilitado como un centro comercial, llamado justamente “Plaza Atemajac”, sin que se haya aplicado alguna política clara que garantice en el presente (y mucho menos en el futuro) la preservación de su memoria (a pesar de que se han respetado la capilla, así como algunos muros, la fachada del casco principal y algunos techos). Respecto a otras partes que integraron el conjunto fabril, como la presa (que está en propiedad del Ayuntamiento de Guadalajara), el antiguo balneario “Los Colomitos”, el barrio antiguo (del siglo XIX) y el moderno de “Las Cuadritas”, el Teatro de los trabajadores y las instalaciones deportivas del legendario “Club Occidente” –semillero de infinidad de jugadores de futbol profesional durante buena parte del siglo XX-, todavía están en condiciones de ser recuperadas. Lo anterior es posible y deseable, si se instrumenta en el corto plazo una política de rescate y preservación de esos espacios, que considere la gran tradición que sobre ellos pesa, lo que además resultaría muy benéfico para el entorno en que se encuentran, dada la sentida carencia de sitios para la recreación, la cultura y el deporte en ese entorno urbano de Guadalajara, fronterizo con el municipio de Zapopan.

Además de los espacios mencionados, en el mismo conjunto, actualmente existe el templo católico de la Colonia Fábrica de Atemajac, una escuela primaria, una clínica del Instituto Mexicano del Seguro Social y un jardín público en el que cotidianamente se hace mucho comercio ambulante.

Es muy importante decir que los espacios en posesión de los extrabajadores, actualmente son parte de un conflicto legal para definir su reparto. Esa situación ha impedido que se tome una decisión sobre su venta al mejor postor y ello ha devenido en que se conserve todavía el Club Occidente y los terrenos del teatro. Sin embargo, es previsible que en cuanto lleguen los trabajadores a un acuerdo sobre la forma de repartirse los bienes, se recurrirá a la venta, con altas probabilidades de la pérdida del patrimonio industrial ahí existente.

Guadalajara, Jalisco, mayo de 2015.